Siempre
he vivido de alquiler, nunca he tenido un piso de mi propiedad. Hubo un tiempo
en el podría haberme aventurado a tener una hipoteca, ya sabéis, en aquella
época en la que se concedían alegremente sin demasiados miramientos en cuanto a
la idoneidad de los solicitantes, pero me educaron responsable y el tema nunca
me pareció que contara con las garantías suficientes como para no salir
perdiendo.
Para
encontrar vivienda, he recurrido a oficinas inmobiliarias, ya sea a través
internet o de carteles de agencias situados en el mismo piso, ya sabéis, esos
de “se alquila piso” con el número de teléfono debajo.
Nunca
me ha gustado tratar con el propietario directamente. Una vez, conocí a uno de
ellos, que hacía “casting de inquilinos”, a petición suya. Era un señor muy
majo, pero muy pesado y el hecho de que tuviera mi número de teléfono personal,
al final, resultó ser un engorro. La verdad, para estas cosas, yo siempre he
preferido el trato con las agencias destinadas a tales fines. Una firma el
contrato, deposita su fianza y así, cuando se va del piso, todo se resuelve con
la misma asepsia profesional. Aquí dejo las llaves, aquí dejo el piso y ustedes
ya se encargarán de gestionar su devolución al dueño correspondiente. Y una vez
verificado que todo es correcto, mi fianza y arreando.
Mi
primer piso estaba en el Pasaje Costa. El Pasaje Costa es un micro-mundo dentro
de un barrio que por lo demás resulta bastante convencional. En el edificio que
estaba enfrente del mío vivían unas chicas transexuales muy divertidas y,
porqué no decirlo, peculiares. Un día, iba hacia casa y al final del pasaje las
vi llegar con un bebé en brazos dándole de mamar. Como soy miope y lo mío son
las distancias cortas, esto fue lo que acerté a ver. Me quedé en shock hasta
que finalmente pude comprobar que se trataba de un muñeco. Qué locas
maravillosas… Ay el Pasaje Costa. No en vano allí residió en sus tiempos mozos
Salomé. Sí, la de vivo cantando, hey, fleco arriba, fleco abajo. El imperio de
la pluma, la lentejuela y el cabaret estaba servido ya desde entonces.
Ignoro
si detrás de la broma de las chicas trans se ocultaba el deseo de una
improbable maternidad. En cualquier caso, de eso han pasado ya casi veinte años
y ahora esa improbabilidad se podría tornar en factibilidad gracias a la
llamada gestación subrogada.
La
gestación subrogada, o en la denostada denominación de la que sus partidarios
abominan, el vientre de alquiler, se incluye dentro de las técnicas de
reproducción asistida, pero en el estado español no es legal y no está recogida
en la ley a tal efecto. La
gestación subrogada supone que una mujer va a ser la encargada de gestar y
parir el hijo de otra/s persona/s, que es / son las que se reconocerá/n como
padre o madre de la criatura. En definitivas cuentas, que el hecho de gestar y
parir una persona no te convierte en madre de la misma por dos cuestiones:
porque no comparte código genético contigo y, lo que es más importante, porque
previamente a la implantación de ese embrión has llegado a un acuerdo con los
padres finales para que al final renuncies al niño gestado.
Sí,
renuncia, porque por mucho que los partidarios y me atrevo a llamar, usuarios
de este, sí de nuevo, servicio expliquen que no se trata de una renuncia[1],
si seguimos el principio del derecho “mater semper certa est”
(la madre es siempre conocida), la maternidad es un hecho biológico evidente en
razón del embarazo.
Simone de Beauvoir
aseguraba que “es imposible asimilar lisa y llanamente la gestación a un
trabajo o servicio”, pero cuando la filósofa francesa escribió “El segundo
sexo” en 1949 se estaba refiriendo al tipo de gestación que durante siglos
hemos entendido como convencional. Sin embargo, si desvinculamos la gestación
de la maternidad, como en el caso de la gestación subrogada, sí que podemos
hablar en los términos de prestación que la autora no consideraba.
Es
por ello, que después de reflexionar sobre el tema, he concluido que para mí es
preferible denominar al asunto de manera que se subraye el carácter de
transacción que en el fondo tiene el tema, por mucho que se la quiera revestir
de eufemismos tranquilizadores de conciencias. Por este motivo prefiero
calificar el proceso como alquiler de un vientre o de un útero antes que de
gestación subrogada. Aunque el término subrogada
ya implica el sentido al cual me refiero, optaré por los términos que comentaba
para no verme envuelta en la pegajosa tela de araña de los argumentos aportados
por asociaciones como la de “Son nuestros hijos” (SNH).
Que
se trata de un alquiler lo demuestra el hecho de que en gran número de casos
media un intercambio económico. De hecho en la propia página de SNH se reconoce
que aunque “se rechaza la subrogación comercial. Si bien es lógico que se
realice una compensación económica, o de otra índole, a la gestante por las
molestias y el esfuerzo que el proceso conlleva”. Paradójica e inquietante la
calificación de “molestias” a todos los trastornos biológicos que una mujer
asume durante un embarazo. También me produce escalofríos la palabra
“compensación”, pues me sugiere algo así como una especie de indemnización
similar a las que las aseguradoras hacen por desperfectos a terceros o la que
se efectúa tras la expropiación de unos terrenos.
La
ambigüedad con la que se nos expone el proceso desde la página de SNH se vale
también de los testimonios de las gestantes. Nos aseguran que lo hacen por pura
solidaridad con otras personas que no pueden acceder a la maternidad o a la
paternidad desde su propia biología / anatomía (llama la atención, por cierto,
que se trata todas ellas de mujeres blancas occidentales). Algunas aseguran
además, en un alarde “curioso” de su desvinculación económica con el asunto,
que su estatus es superior al de los padres demandantes.
Supongamos
que estamos dispuestos a conceder como creíble el hecho de hay mujeres que están
convencidas de pasar por el esfuerzo ímprobo de un embarazo y un parto, con
todo lo que entraña para su salud, incluyendo el riesgo de su propia vida, para
un desconocido y sin dinero de por medio Creo que aún considerando como cierta
esta posibilidad, podemos suponer, con poco riesgo a equivocarnos, que el
número de mujeres decididas a llevar a cabo esta dura tarea sería bastante
marginal respecto al número de demandantes.
No
obstante, para la estructura capitalista esto no supone un problema. El
engrasado engranaje del sistema se pone en marcha para poder satisfacer las
demandas de este grupo de mercado. Es así como ya funcionan un número de
agencias internacionales que se encargan de gestionar todos y cada uno de los
pasos del proceso y de localizar a gestantes que, no nos quepa duda, se
prestarán por pura y exclusivamente necesidad económica. Negar esto es
tildarnos directamente de ingenuos. Por otro lado, considerar la mera
existencia de estas agencias intermediarias ya nos sitúa ante el tema
estrictamente económico. Serían algo así como los administradores de fincas que
median entre el inquilino y el propietario.
Dado
que, dejando al margen ese ínfimo grupo de mujeres a las que hemos decidido
aceptar como las “solidarias”, se trata de un contrato en el que se van a
estipular una serie de condiciones y en el que la mujer gestante va a recibir
un dinero a cambio, me reitero en que la denominación de alquiler de útero resulta la más ajustada.
De
esta manera, y estableciendo un paralelismo con anuncios de pisos, las agencias
destinadas a tales fines se podrían publicitar con el siguiente eslogan, “se
gesta a los embriones de los otros”. Sí, no me he equivocado, se gesta, no se
gestan a pesar de que embriones está en plural. Permitidme la cuña lingüística,
viene a cuento. “Se gestan embriones” sería una construcción pasiva refleja en
el que el complemento agente, la gestante en este caso, desaparece de la frase
aunque intuimos que se trata de ella. Sin embargo, “se gesta a los embriones”
es una frase impersonal. Aquí, desde el punto de vista sintáctico, no hay
sujeto ni agente, ni nada que aluda a una intervención humana definida o
presumible. La partícula “se” alude a un participante indefinido que se apropia
del lugar del humano o de … la máquina.
En
la página de SNH se nos presenta un escenario ideal en el que, además de la
declaración de no lucro de los testimonios de todas y cada una de las
gestantes, estas hablan de la relación especial que han establecido con los
llamados padres de intención (así se denomina a las personas que finalmente
figurarán como padres legales del recién nacido). Comentan que junto con ellos han establecido una gran
familia allende fronteras. Es manifiesto que el concepto de familia es mucho
más amplio en la actualidad que el del tradicional matrimonio heterosexual,
pero, seamos un poquito realistas. ¿Alguien cree que este tipo de vínculo
afectivo se puede dar en el caso de las gestantes, su mayoría, que se ven
abocadas a realizar este servicio por razones de pura y exclusiva necesidad? Y
lo que es más, si los padres de intención no tuvieran que recurrir a este tipo
de proceso, ¿pensarían su modelo de familia en estos términos?
En
cualquier caso, una gran familia siempre y cuando, como ya hemos comentado, se
renuncie a lo que desde la página de SNH
definen como “filiación natural”, que se distingue de la social por la
intencionalidad de esta última. Es decir, que la maternidad o paternidad deberá
ser asumida legalmente en el caso de que haya existido el propósito previo de
ser padre o madre. Francamente, me parece un concepto arriesgado ya que abre la
veda a la no asunción de responsabilidades a la que se debe todo adulto.
Me
hace pensar en las tan traídas y llevadas demandas de paternidad, que
últimamente han adquirido cierto glamour con el caso Dalí, en las que la mujer
siempre queda como una buscona que pretende mancillar el nombre del honorable
caballero que la preñó. Creo que cualquier adulto que se precie de serlo debe
asumir sus actos, consideraciones económicas al margen. Por cierto, espero que
la prueba de positiva en el caso de Pilar Abel, más que nada por dar en las
narices a esos burgueses del heteropatriarcado y de las altas culturas que se
han dedicado a desacreditar a la señora a la que se refieren como “la
pitonisa”. La cuestión es dejar siempre a la mujer como una mamarracha, como
una doña nadie o como un útero sin alma.
Pero
perdón, que me voy del tema, as usual. Aprecio varias contradicciones en la
página de SNH, entre ellas la consideración que tienen de la paternidad /
maternidad. Por un lado dicen que la social, la asumida e intencionada, “no
precisa de consanguinidad”, pero por el otro existe la exigencia de que al
menos uno de los padres intencionales aporte su material genético.
Así,
una pareja homosexual puede aportar el esperma de uno de ellos para que junto
con el óvulo de una donante, una tercera mujer, la gestante subrogada, geste el
embrión, ya que como aseguran “el material genético es intercambiable y
aleatorio”. De nuevo un asunto que me pone un poco los pelos de punta, pues me
parece vislumbrar la cercanía de un modelo eugenésico en el que las
características del futuro hijo sean elegidas a gusto del consumidor, basadas
en catálogos de mujeres donantes y gestantes.
Creo
que va siendo hora de dejarnos de edulcoramientos infantilizantes y admitir que
en el caso de considerar como válida la fórmula de la maternidad subrogada, lo
más ajustado, atendiendo a los parámetros que la definen es atenernos a la más
pura asepsia y distancia, aquella que sitúe a cada uno de los intervinientes
del proceso en su justo lugar. De hecho, los partidarios del asunto, hablan de
la cesión de la “capacidad de gestar” de las mujeres embarazadas. Así, sin
ambages. Su capacidad de gestar, en un alarde de deshumanización francamente
impactante (luego les molesta el término vientre de alquiler porque atenta
contra la dignidad de la mujer). Como si detrás de todo eso, no hubiera una
mujer que está implicando su salud, física y emocional, al completo. Visto así,
parece cada vez más cercano ese futuro que nos auguraba Huxley en “Brave New World”,
donde los humanos eran cultivados en un criadero de Londres. De ahí que en
párrafos anteriores me haya referido a la máquina.
El
panaroma no resulta muy atractivo si asumimos de una buena vez que el grueso de
las mujeres gestantes se prestarían bajo prestación económica de por medio y
que por lo tanto la decisión de formar parte de este tipo de proceso no se
haría desde una posición de libertad, como se publicita desde SNH, sino desde
una situación de debilidad y apuro vital, que confinaría a estas “mujeres al
trabajo reproductivo[2]”.
Creo
entender el deseo urgente,
primario, ardiente de querer ser padre o madre, a pesar de que, puntos de
partida claros, yo nunca he querido serlo. Conozco a dos parejas heterosexuales
que se embarcaron en el zozobrante viaje, para la mujer por encima de todo, de
la fecundación in vitro. Fue una travesía en el desierto que les llevó a
recorrer exhaustos miles de kilómetros en busca del ansiado oasis, que finalmente
consiguieron.
Hablo
de deseo y no derecho. El deseo de ser padre o madre, que no el derecho de.
Otra cosa es hablar de los derechos reproductivos que se contemplan en la ley
de reproducción asistida y a los que parejas homosexuales masculinas y mujeres
que no pueden llevar a cabo una gestación demandan su acceso.
Mi
opinión acerca de ello. Ellos hablan de discriminación por no estar incluidos
dentro de las posibilidades que la ley contempla, pero, sinceramente, yo creo
que hacen un poco de trampa porque no se pueden equiparar los supuestos que la
ley contempla con la situación que ellos plantean. Básica y fundamentalmente
porque la persona demandante no es la que se hará cargo de la gestación de la
futura vida. Cuestión que nos sitúa ante el escenario económico y marginal que
hemos expuesto.
No
sé, vivimos en sociedad y lamentablemente no podemos dejar nuestra cotidianidad
a la buena voluntad de nosotros mismos o los que nos rodean. Las leyes cumplen
esa función que regula derechos y deberes, pero también es cierto que tanta
reglamentación no hace sino pervertir en muchas ocasiones el natural devenir de
la existencia. Una existencia que al parecer carece de sentido al margen de la
maternidad tal y como, aseguran las testimonios de SNH al exponer que se sentirían
incompletas sino fueran madres. Soy madre, luego existo. Acabo de desaparecer.
Por
otro lado, si seguimos su argumento del derecho s ser padre o madre, nadie les
niega la posibilidad esa posibilidad, ya que tienen la vía de la adopción. Los
testimonios de los padres de intención comentan acerca de lo dificultoso que
resulta un procedimiento de este tipo. En ese caso, tal vez deberían encaminar
sus reivindicaciones hacia mejorar los trámites de los procesos de adopción y
no atrincherarse en posturas irreconciliables que incluso llevan a manifestar
un triste enfrentamiento entre mujeres.
Igual que ellos esgrimen el derecho a formar una familia, lo mismo un sinfín de
niños podrían esgrimir el derecho a tener una.
En
mi opinión, antes que un problema sobre el proceso dificultoso que supone la
adopción, se trata de una cuestión de prevalencia del propio código genético,
de lo hereditario. Me explico citando de nuevo a Silvia Federici[3]
al referirse a las palabras de Marx,
respecto del uso “de las mujeres en la familia burguesa, como productoras de
herederos que garantizan la transmisión de la propiedad familiar”. La gestación
subrogada, como perfecto exponente del devenir del sistema, se atiene a las
condiciones que se derivan de la existencia de la propiedad privada.
En
el caso de que esa transferencia que haga posible la consanguinidad, no se
pueda realizar desde los propios medios físicos, la ciencia, largo tiempo al
servicio del sistema, está dispuesta a resolverle la papeleta a unos cuantos, a
los que lo puedan pagar.
El
sistema, siempre atento a necesidades reales, creadas o ficticias, se hace cargo
del negocio de las reivindicaciones de la clase pudiente de la sociedad. Aunque
testimonios de los padres de intención de SNH, aseguran que no se trata de una
posibilidad al alcance de unos pocos (una pareja joven comenta: “ahorramos
100.000 euros, cuesta mucho”), la verdad es que resultan obscenas las cifras
que se barajan y que por supuesto resultan inalcanzables para el común de los
mortales, ya sea mediante un irreal ahorro o préstamo bancario.
La
voracidad del sistema en el que vivimos, ¿consumimos?, está acabando con la
práctica totalidad de los recursos del planeta, así que parece que ahora se
trata de consumirnos a nosotros mismos, de consumir a los menos favorecidos
(úteros, riñones, hígados), en una suerte de antropofagia consumista de comercialización
de deseos.
Sinceramente,
consideraciones éticas, morales, de derechos de los más desfavorecidos, no
parecen presentar la gestación subrogada como algo demasiado aceptable. Pero es
que además tanta regulación, tanta complicación desde antes de llegar a este
mundo, tanta higiene legal … Cuando la vida es sangre, moco y llanto desde ese
minuto uno en que a uno lo depositan junto al pecho de la madre que lo parió.
¿De
verdad que la culminación de un deseo como la maternidad o la paternidad deben
depender de tantos pasos intermedios: abogados, psicólogos, padres de intención, gestante, donante,
gestores, asesores, agencias, clínicas de fertilidad? Tanta mediación hace que
el asunto se parezca más a un conflicto que al logro de una ilusión finalmente
alcanzada.
Sin
embargo, la maternidad / paternidad mediante gestación subrogada es otra cosa.
El acceso a tal posibilidad se convierte en un tránsito, ¿peregrinaje?, que
parece aconsejar los servicios de estos profesionales. A fin de cuentas, como
ya hemos ido dejando claro, se trata de un contrato. Así que al igual que en un
contrato de alquiler más vale delimitar el alcance de responsabilidades y
obligaciones de cada una de las partes para no poner en riesgo la fianza
depositada en útero ajeno.
Se
gesta a los embriones de los otros. Con todas las garantías.
[1] Las mujeres gestantes utilizan la palabra
devolución para enfatizar el hecho de que se trata de un niño que no es suyo.
[3] A lo largo del capítulo II del libro de
Federici, se nos explica la explotación, degradación y utilización por parte
del incipiente sistema capitalista.
https://es.wikipedia.org/wiki/Mater_semper_certa_esthttps://surrofair.com/profesionales-intervienen-la-gestacion-subrogada/
No hay comentarios:
Publicar un comentario