lunes, 21 de agosto de 2017

Se gesta a los embriones de los otros


Siempre he vivido de alquiler, nunca he tenido un piso de mi propiedad. Hubo un tiempo en el podría haberme aventurado a tener una hipoteca, ya sabéis, en aquella época en la que se concedían alegremente sin demasiados miramientos en cuanto a la idoneidad de los solicitantes, pero me educaron responsable y el tema nunca me pareció que contara con las garantías suficientes como para no salir perdiendo.

Para encontrar vivienda, he recurrido a oficinas inmobiliarias, ya sea a través internet o de carteles de agencias situados en el mismo piso, ya sabéis, esos de “se alquila piso” con el número de teléfono debajo.

Nunca me ha gustado tratar con el propietario directamente. Una vez, conocí a uno de ellos, que hacía “casting de inquilinos”, a petición suya. Era un señor muy majo, pero muy pesado y el hecho de que tuviera mi número de teléfono personal, al final, resultó ser un engorro. La verdad, para estas cosas, yo siempre he preferido el trato con las agencias destinadas a tales fines. Una firma el contrato, deposita su fianza y así, cuando se va del piso, todo se resuelve con la misma asepsia profesional. Aquí dejo las llaves, aquí dejo el piso y ustedes ya se encargarán de gestionar su devolución al dueño correspondiente. Y una vez verificado que todo es correcto, mi fianza y arreando.

Mi primer piso estaba en el Pasaje Costa. El Pasaje Costa es un micro-mundo dentro de un barrio que por lo demás resulta bastante convencional. En el edificio que estaba enfrente del mío vivían unas chicas transexuales muy divertidas y, porqué no decirlo, peculiares. Un día, iba hacia casa y al final del pasaje las vi llegar con un bebé en brazos dándole de mamar. Como soy miope y lo mío son las distancias cortas, esto fue lo que acerté a ver. Me quedé en shock hasta que finalmente pude comprobar que se trataba de un muñeco. Qué locas maravillosas… Ay el Pasaje Costa. No en vano allí residió en sus tiempos mozos Salomé. Sí, la de vivo cantando, hey, fleco arriba, fleco abajo. El imperio de la pluma, la lentejuela y el cabaret estaba servido ya desde entonces.

Ignoro si detrás de la broma de las chicas trans se ocultaba el deseo de una improbable maternidad. En cualquier caso, de eso han pasado ya casi veinte años y ahora esa improbabilidad se podría tornar en factibilidad gracias a la llamada gestación subrogada.

La gestación subrogada, o en la denostada denominación de la que sus partidarios abominan, el vientre de alquiler, se incluye dentro de las técnicas de reproducción asistida, pero en el estado español no es legal y no está recogida en la ley a tal efecto. La gestación subrogada supone que una mujer va a ser la encargada de gestar y parir el hijo de otra/s persona/s, que es / son las que se reconocerá/n como padre o madre de la criatura. En definitivas cuentas, que el hecho de gestar y parir una persona no te convierte en madre de la misma por dos cuestiones: porque no comparte código genético contigo y, lo que es más importante, porque previamente a la implantación de ese embrión has llegado a un acuerdo con los padres finales para que al final renuncies al niño gestado.

Sí, renuncia, porque por mucho que los partidarios y me atrevo a llamar, usuarios de este, sí de nuevo, servicio expliquen que no se trata de una renuncia[1], si seguimos el principio del derecho “mater semper certa est” (la madre es siempre conocida), la maternidad es un hecho biológico evidente en razón del embarazo.

Simone de Beauvoir aseguraba que “es imposible asimilar lisa y llanamente la gestación a un trabajo o servicio”, pero cuando la filósofa francesa escribió “El segundo sexo” en 1949 se estaba refiriendo al tipo de gestación que durante siglos hemos entendido como convencional. Sin embargo, si desvinculamos la gestación de la maternidad, como en el caso de la gestación subrogada, sí que podemos hablar en los términos de prestación que la autora no consideraba.

Es por ello, que después de reflexionar sobre el tema, he concluido que para mí es preferible denominar al asunto de manera que se subraye el carácter de transacción que en el fondo tiene el tema, por mucho que se la quiera revestir de eufemismos tranquilizadores de conciencias. Por este motivo prefiero calificar el proceso como alquiler de un vientre o de un útero antes que de gestación subrogada. Aunque el término subrogada ya implica el sentido al cual me refiero, optaré por los términos que comentaba para no verme envuelta en la pegajosa tela de araña de los argumentos aportados por asociaciones como la de “Son nuestros hijos” (SNH).

Que se trata de un alquiler lo demuestra el hecho de que en gran número de casos media un intercambio económico. De hecho en la propia página de SNH se reconoce que aunque “se rechaza la subrogación comercial. Si bien es lógico que se realice una compensación económica, o de otra índole, a la gestante por las molestias y el esfuerzo que el proceso conlleva”. Paradójica e inquietante la calificación de “molestias” a todos los trastornos biológicos que una mujer asume durante un embarazo. También me produce escalofríos la palabra “compensación”, pues me sugiere algo así como una especie de indemnización similar a las que las aseguradoras hacen por desperfectos a terceros o la que se efectúa tras la expropiación de unos terrenos.

La ambigüedad con la que se nos expone el proceso desde la página de SNH se vale también de los testimonios de las gestantes. Nos aseguran que lo hacen por pura solidaridad con otras personas que no pueden acceder a la maternidad o a la paternidad desde su propia biología / anatomía (llama la atención, por cierto, que se trata todas ellas de mujeres blancas occidentales). Algunas aseguran además, en un alarde “curioso” de su desvinculación económica con el asunto, que su estatus es superior al de los padres demandantes.

Supongamos que estamos dispuestos a conceder como creíble el hecho de hay mujeres que están convencidas de pasar por el esfuerzo ímprobo de un embarazo y un parto, con todo lo que entraña para su salud, incluyendo el riesgo de su propia vida, para un desconocido y sin dinero de por medio Creo que aún considerando como cierta esta posibilidad, podemos suponer, con poco riesgo a equivocarnos, que el número de mujeres decididas a llevar a cabo esta dura tarea sería bastante marginal respecto al número de demandantes.

No obstante, para la estructura capitalista esto no supone un problema. El engrasado engranaje del sistema se pone en marcha para poder satisfacer las demandas de este grupo de mercado. Es así como ya funcionan un número de agencias internacionales que se encargan de gestionar todos y cada uno de los pasos del proceso y de localizar a gestantes que, no nos quepa duda, se prestarán por pura y exclusivamente necesidad económica. Negar esto es tildarnos directamente de ingenuos. Por otro lado, considerar la mera existencia de estas agencias intermediarias ya nos sitúa ante el tema estrictamente económico. Serían algo así como los administradores de fincas que median entre el inquilino y el propietario.

Dado que, dejando al margen ese ínfimo grupo de mujeres a las que hemos decidido aceptar como las “solidarias”, se trata de un contrato en el que se van a estipular una serie de condiciones y en el que la mujer gestante va a recibir un dinero a cambio, me reitero en que la denominación de alquiler  de útero resulta la más ajustada.

De esta manera, y estableciendo un paralelismo con anuncios de pisos, las agencias destinadas a tales fines se podrían publicitar con el siguiente eslogan, “se gesta a los embriones de los otros”. Sí, no me he equivocado, se gesta, no se gestan a pesar de que embriones está en plural. Permitidme la cuña lingüística, viene a cuento. “Se gestan embriones” sería una construcción pasiva refleja en el que el complemento agente, la gestante en este caso, desaparece de la frase aunque intuimos que se trata de ella. Sin embargo, “se gesta a los embriones” es una frase impersonal. Aquí, desde el punto de vista sintáctico, no hay sujeto ni agente, ni nada que aluda a una intervención humana definida o presumible. La partícula “se” alude a un participante indefinido que se apropia del lugar del humano o de … la máquina.

En la página de SNH se nos presenta un escenario ideal en el que, además de la declaración de no lucro de los testimonios de todas y cada una de las gestantes, estas hablan de la relación especial que han establecido con los llamados padres de intención (así se denomina a las personas que finalmente figurarán como padres legales del recién nacido).  Comentan que junto con ellos han establecido una gran familia allende fronteras. Es manifiesto que el concepto de familia es mucho más amplio en la actualidad que el del tradicional matrimonio heterosexual, pero, seamos un poquito realistas. ¿Alguien cree que este tipo de vínculo afectivo se puede dar en el caso de las gestantes, su mayoría, que se ven abocadas a realizar este servicio por razones de pura y exclusiva necesidad? Y lo que es más, si los padres de intención no tuvieran que recurrir a este tipo de proceso, ¿pensarían su modelo de familia en estos términos?

En cualquier caso, una gran familia siempre y cuando, como ya hemos comentado, se renuncie a lo que desde la página de SNH  definen como “filiación natural”, que se distingue de la social por la intencionalidad de esta última. Es decir, que la maternidad o paternidad deberá ser asumida legalmente en el caso de que haya existido el propósito previo de ser padre o madre. Francamente, me parece un concepto arriesgado ya que abre la veda a la no asunción de responsabilidades a la que se debe todo adulto.

Me hace pensar en las tan traídas y llevadas demandas de paternidad, que últimamente han adquirido cierto glamour con el caso Dalí, en las que la mujer siempre queda como una buscona que pretende mancillar el nombre del honorable caballero que la preñó. Creo que cualquier adulto que se precie de serlo debe asumir sus actos, consideraciones económicas al margen. Por cierto, espero que la prueba de positiva en el caso de Pilar Abel, más que nada por dar en las narices a esos burgueses del heteropatriarcado y de las altas culturas que se han dedicado a desacreditar a la señora a la que se refieren como “la pitonisa”. La cuestión es dejar siempre a la mujer como una mamarracha, como una doña nadie o como un útero sin alma.

Pero perdón, que me voy del tema, as usual. Aprecio varias contradicciones en la página de SNH, entre ellas la consideración que tienen de la paternidad / maternidad. Por un lado dicen que la social, la asumida e intencionada, “no precisa de consanguinidad”, pero por el otro existe la exigencia de que al menos uno de los padres intencionales aporte su material genético.

Así, una pareja homosexual puede aportar el esperma de uno de ellos para que junto con el óvulo de una donante, una tercera mujer, la gestante subrogada, geste el embrión, ya que como aseguran “el material genético es intercambiable y aleatorio”. De nuevo un asunto que me pone un poco los pelos de punta, pues me parece vislumbrar la cercanía de un modelo eugenésico en el que las características del futuro hijo sean elegidas a gusto del consumidor, basadas en catálogos de mujeres donantes y gestantes.

Creo que va siendo hora de dejarnos de edulcoramientos infantilizantes y admitir que en el caso de considerar como válida la fórmula de la maternidad subrogada, lo más ajustado, atendiendo a los parámetros que la definen es atenernos a la más pura asepsia y distancia, aquella que sitúe a cada uno de los intervinientes del proceso en su justo lugar. De hecho, los partidarios del asunto, hablan de la cesión de la “capacidad de gestar” de las mujeres embarazadas. Así, sin ambages. Su capacidad de gestar, en un alarde de deshumanización francamente impactante (luego les molesta el término vientre de alquiler porque atenta contra la dignidad de la mujer). Como si detrás de todo eso, no hubiera una mujer que está implicando su salud, física y emocional, al completo. Visto así, parece cada vez más cercano ese futuro que nos auguraba Huxley en “Brave New World”, donde los humanos eran cultivados en un criadero de Londres. De ahí que en párrafos anteriores me haya referido a la máquina.

El panaroma no resulta muy atractivo si asumimos de una buena vez que el grueso de las mujeres gestantes se prestarían bajo prestación económica de por medio y que por lo tanto la decisión de formar parte de este tipo de proceso no se haría desde una posición de libertad, como se publicita desde SNH, sino desde una situación de debilidad y apuro vital, que confinaría a estas “mujeres al trabajo reproductivo[2]”.

Creo entender  el deseo urgente, primario, ardiente de querer ser padre o madre, a pesar de que, puntos de partida claros, yo nunca he querido serlo. Conozco a dos parejas heterosexuales que se embarcaron en el zozobrante viaje, para la mujer por encima de todo, de la fecundación in vitro. Fue una travesía en el desierto que les llevó a recorrer exhaustos miles de kilómetros en busca del ansiado oasis, que finalmente consiguieron.

Hablo de deseo y no derecho. El deseo de ser padre o madre, que no el derecho de. Otra cosa es hablar de los derechos reproductivos que se contemplan en la ley de reproducción asistida y a los que parejas homosexuales masculinas y mujeres que no pueden llevar a cabo una gestación demandan su acceso.

Mi opinión acerca de ello. Ellos hablan de discriminación por no estar incluidos dentro de las posibilidades que la ley contempla, pero, sinceramente, yo creo que hacen un poco de trampa porque no se pueden equiparar los supuestos que la ley contempla con la situación que ellos plantean. Básica y fundamentalmente porque la persona demandante no es la que se hará cargo de la gestación de la futura vida. Cuestión que nos sitúa ante el escenario económico y marginal que hemos expuesto.

No sé, vivimos en sociedad y lamentablemente no podemos dejar nuestra cotidianidad a la buena voluntad de nosotros mismos o los que nos rodean. Las leyes cumplen esa función que regula derechos y deberes, pero también es cierto que tanta reglamentación no hace sino pervertir en muchas ocasiones el natural devenir de la existencia. Una existencia que al parecer carece de sentido al margen de la maternidad tal y como, aseguran las testimonios de SNH al exponer que se sentirían incompletas sino fueran madres. Soy madre, luego existo. Acabo de desaparecer.

Por otro lado, si seguimos su argumento del derecho s ser padre o madre, nadie les niega la posibilidad esa posibilidad, ya que tienen la vía de la adopción. Los testimonios de los padres de intención comentan acerca de lo dificultoso que resulta un procedimiento de este tipo. En ese caso, tal vez deberían encaminar sus reivindicaciones hacia mejorar los trámites de los procesos de adopción y no atrincherarse en posturas irreconciliables que incluso llevan a manifestar un triste enfrentamiento entre mujeres. Igual que ellos esgrimen el derecho a formar una familia, lo mismo un sinfín de niños podrían esgrimir el derecho a tener una.

En mi opinión, antes que un problema sobre el proceso dificultoso que supone la adopción, se trata de una cuestión de prevalencia del propio código genético, de lo hereditario. Me explico citando de nuevo a Silvia Federici[3] al referirse a las palabras de Marx, respecto del uso “de las mujeres en la familia burguesa, como productoras de herederos que garantizan la transmisión de la propiedad familiar”. La gestación subrogada, como perfecto exponente del devenir del sistema, se atiene a las condiciones que se derivan de la existencia de la propiedad privada.

En el caso de que esa transferencia que haga posible la consanguinidad, no se pueda realizar desde los propios medios físicos, la ciencia, largo tiempo al servicio del sistema, está dispuesta a resolverle la papeleta a unos cuantos, a los que lo puedan pagar.

El sistema, siempre atento a necesidades reales, creadas o ficticias, se hace cargo del negocio de las reivindicaciones de la clase pudiente de la sociedad. Aunque testimonios de los padres de intención de SNH, aseguran que no se trata de una posibilidad al alcance de unos pocos (una pareja joven comenta: “ahorramos 100.000 euros, cuesta mucho”), la verdad es que resultan obscenas las cifras que se barajan y que por supuesto resultan inalcanzables para el común de los mortales, ya sea mediante un irreal ahorro o préstamo bancario.

La voracidad del sistema en el que vivimos, ¿consumimos?, está acabando con la práctica totalidad de los recursos del planeta, así que parece que ahora se trata de consumirnos a nosotros mismos, de consumir a los menos favorecidos (úteros, riñones, hígados), en una suerte de antropofagia consumista de comercialización de deseos.

Sinceramente, consideraciones éticas, morales, de derechos de los más desfavorecidos, no parecen presentar la gestación subrogada como algo demasiado aceptable. Pero es que además tanta regulación, tanta complicación desde antes de llegar a este mundo, tanta higiene legal … Cuando la vida es sangre, moco y llanto desde ese minuto uno en que a uno lo depositan junto al pecho de la madre que lo parió.

¿De verdad que la culminación de un deseo como la maternidad o la paternidad deben depender de tantos pasos intermedios: abogados, psicólogos, padres de intención, gestante, donante, gestores, asesores, agencias, clínicas de fertilidad? Tanta mediación hace que el asunto se parezca más a un conflicto que al logro de una ilusión finalmente alcanzada.

Sin embargo, la maternidad / paternidad mediante gestación subrogada es otra cosa. El acceso a tal posibilidad se convierte en un tránsito, ¿peregrinaje?, que parece aconsejar los servicios de estos profesionales. A fin de cuentas, como ya hemos ido dejando claro, se trata de un contrato. Así que al igual que en un contrato de alquiler más vale delimitar el alcance de responsabilidades y obligaciones de cada una de las partes para no poner en riesgo la fianza depositada en útero ajeno.

Se gesta a los embriones de los otros. Con todas las garantías.



[1] Las mujeres gestantes utilizan la palabra devolución para enfatizar el hecho de que se trata de un niño que no es suyo.
[2] Silvia Federici. “Calibán y la bruja”. Capítulo II, página 28
[3] A lo largo del capítulo II del libro de Federici, se nos explica la explotación, degradación y utilización por parte del incipiente sistema capitalista.
https://es.wikipedia.org/wiki/Mater_semper_certa_esthttps://surrofair.com/profesionales-intervienen-la-gestacion-subrogada/

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